Cemento, agua, áridos… y escasa obra pública

Casi un millón de resultados en Google y más de 6 millones de noticias relacionadas. El crecimiento económico es un tema que ocupa y preocupa a todos. Son numerosas las razones por las que el estado de la economía protagoniza titulares: generación de empleo, aumento del gasto o crecimiento en la demanda de bienes y servicios son algunos indicadores. Y en todos ellos, la construcción juega un papel clave.

Sin dejar de lado al PIB, indicador principal del estado de la economía y que se encuentra por debajo de los valores deseados, muchos son los expertos que acuden a los datos de obra nueva para indicar si se activan o no los mercados. Una mayor actividad constructora suele venir acompañada por un aumento de precios y una consiguiente sensación de mayor riqueza. Por lo tanto, no es de extrañar que los niveles de producción de hormigón, siendo éste uno de los materiales más utilizados en construcción, sea igualmente un indicador a tener en cuenta.

El sector del hormigón ha experimentado un crecimiento en 2017 del 15,9% en metros cúbicos vendidos (según los últimos datos estadísticos del sector). Esta cifra, que rompe con la tendencia de descensos que sufrimos desde que en 2007 estallara la crisis, encadena 3 años consecutivos de crecimiento. Sin embargo, éste podría ser el tercer y último año que arroja unos datos tan positivos, ya que las circunstancias que han provocado este crecimiento son insostenibles a corto y medio plazo.

En los últimos años, el aumento de la demanda en construcción (y por ende del hormigón) se debe fundamentalmente, al impulso de obra de edificación nueva por parte de la iniciativa privada, que se ha visto repartida de forma muy heterogénea a lo largo de la geografía nacional. Han sido las zonas más desarrolladas, desde el punto de vista del negocio, las que han despuntado con Madrid, Valencia y Barcelona representado la mitad del crecimiento total. Concentración justificada en estas localidades al ser la obra privada la que, principalmente, ha tirado del sector.

El consumo de hormigón en edificación continúa con el proceso de recuperación iniciado en 2015, donde la edificación residencial y no residencial han experimentado crecimiento; la obra civil, sin embargo, continúa estable en valores muy bajos. Respecto a la obra pública, la situación no es tan positiva como como nos gustaría. Tras la reducción de 2015 y el estancamiento de 2016, el año pasado la licitación de obra pública creció un 38 por ciento hasta los 12.875 millones de euros, (que no la ejecución que apenas creció) cifra que representa la tercera parte del volumen de 2007 o, lo que es igual, los mismos niveles de inversión de 1999.

En términos generales, se estima que la evolución, a lo largo de los últimos cinco ejercicios, apunta un relativo equilibrio entre la obra nueva y la rehabilitación, circunstancia que probablemente evidencia la debilidad de la demanda de nuevos proyectos. Además, la falta de fondos europeos, con los que se pudo contar en el pasado, está influyendo también en la inversión.

Teniendo en cuenta todos estos factores, podemos advertir que este fuerte crecimiento del 15,9 por ciento, soportado por la iniciativa privada, está mostrando cierto agotamiento debido a la incertidumbre política nacional e internacional que estamos viviendo. En el primer semestre de 2018 el crecimiento anualizado ha pasado de ese 15,9 a un 13,2 por ciento y en clara tendencia decreciente. De seguir así, acabaremos el año con un crecimiento cercano al 10 por ciento, en lugar de al 16, y no podremos afirmar, de manera sólida, que el sector se recupera.

Es por ello que, solicitamos apoyos para que se incremente la inversión pública en obras de infraestructura, que son un dinamizador de la economía con un efecto multiplicador. Este incremento tiene que ser en forma de programas que permitan invertir en activos, y que tengan continuidad en el tiempo. Obras puntuales son balones de oxígeno, pero no producen el mismo efecto inversor y generador de empleo que un programa definido que permite repartir el esfuerzo inversor en el tiempo.

Asimismo, reclamamos un régimen sancionador para la Ley de Morosidad para que sea realmente efectiva. Aunque la Ley ha mejorado situaciones anteriores, no es suficientemente efectiva y aún sufrimos periodos de cobro muy elevados.

Escasez de inversión en obra pública e inestabilidad política prolongada son dos de las grandes problemáticas que sufre el sector del hormigón. Esperamos que los responsables de los departamentos de obra pública de la Administración estatal y autonómica sean capaces de apreciar tanto la importancia que este sector tiene para la economía española como los beneficios que conllevaría potenciar su utilización en todas estas infraestructuras.

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